01 — HISTORIA
Desde la abadía de Hautvillers
La búsqueda de la armonía. En la segunda mitad del siglo XVII, un monje benedictino llamado Pierre Pérignon asumió el cargo de cellerer en la Abadía de Hautvillers, enclavada sobre los viñedos de la Champagne. Su misión era pragmática: mejorar los vinos de la abadía. Lo que hizo fue transformar la manera en que el mundo entendería el champán para siempre.Dom Pérignon no inventó las burbujas —el proceso de segunda fermentación en botella ya existía— pero fue el primero en comprender que podían ser gobernadas. Introdujo el corcho de alcornoque como cierre hermético, trabajó con vidrios más resistentes capaces de soportar la presión interna, y desarrolló el concepto de ensamblaje: la mezcla precisa de variedades y parcelas para construir un vino que ninguna uva sola podría producir.Murió en 1715 sin saber que su nombre se convertiría en sinónimo de lo extraordinario. La abadía de Hautvillers pasó a manos de Moët & Chandon en 1822, y con ella, el legado del monje. En 1936, la maison decidió bautizar su primera cuvée de prestige con ese nombre. No fue un homenaje casual. Fue el reconocimiento de que algunas historias merecen continuar.





